sábado, 2 de abril de 2011
Different Lifestyles, Different Jobs
Mark Andrews is a computer programmer who used to work 60 to 70 hours per week. Last year, he left his high-paying job to teach computer classes at the local high school. He now makes half his previous salary. What was his reason for changing his job? More free time. "I just love doing things outdoors. With my job at the high school, I have many days off and the whole summer free. I could never take so much time off at my old job!"
Margaret Stewart is a stay-at-home mom who works part-time to earn money. In her old job as a top executive of a beauty products company, she used to make over $100,000 a year. "I used to work from 7 a.m. to 10 p.m. I had no free time. I love the flexible schedule I have now. I can spend time with my kids. The money just isn't important anymore."
These two people, and many other Americans like them, are taking control of their own schedules. "Instead of working hard now so they can retire later, young people are living their lives for today," says employment expert Cody Williams. "Why should they wait until they are old to enjoy life?"
martes, 1 de diciembre de 2009
Los falsos dilemas con el manejo de nuestra rabia y de las emociones
Guardarse el enojo le hace mal al corazón, este es el titular de una noticia resultado de una investigación realizada por la Universidad de Estocolmo.Y la alternativa que ofrece es clara; no se lo guarde, y tendrá menos probabilidad de sufrir un ataque.
La noticia es muy corta, concluye indicando "No se trata de que los trabajadores les griten a sus jefes, Esa no es la mejor solución, pero siempre es mejor decir en voz alta que uno se siente tratado injustamente y tratar de encontrar una solución"
Y claro, ese es el dilema que ofrece, si me guardo el enojo, me enfermo, si no lo guardo, corro varios riesgos derivados de dañar y enojar al otro con mi enojo.Lo que a mi me parece que la noticia no muestra, son dos aspectos relativos a nuestras emociones:
- El primero, es que la emoción no la decidimos, nos pasa. Y nuestra respuesta en el momento no es una decisión consciente, sino que es producto de nuestra historia, de los automatismos que hemos creado para responder a los estímulos del entorno. Se requiere un entrenamiento no trivial para poder decidir la respuesta que damos cuando estamos tomados por una emoción.
- Lo segundo que no se indica, es precisamente la capacidad que tenemos los humanos de aprender a cambiar nuestras reacciones frente a los estímulos externos. Y ese aprendizaje tiene un componente derivado de la explicación que doy de mi rabia, y un componente corporal producto del entrenamiento que puedo hacer para ampliar mis respuestas posibles frente a los estímulos externos.
Nos enojamos cuando sentimos que algo nuestro está en peligro, y ese enojo nos pone en predisposición para defender lo nuestro, nos genera fuerza. Tal cual como una madre que defiende a su hijo, un perro que ve invadido su territorio, un hombre que es acusado públicamente.
Lo que pocas veces hacemos es la reflexión, la pregunta acerca de qué es lo nuestro que estamos defendiendo. Y cuando hacemos esta reflexión, podemos ver que en muchos casos, nuestro
enojo deriva de nuestro ego, de la imagen de nosotros mismos que hemos construido y que creemos que somos.
Aprender a mirar que defendemos cuando sentimos rabia, es un gran medio para conocernos a nosotros mismos, y de ahí aprender a soltar, a desapegarnos de aquello que realmente no es relevante y no nos constituye.
Y con la reflexión hecha podemos ir al aprendizaje, en que el cuerpo genera nuevos mecanismos automáticos, más poderosos que los antiguos, y lo hacemos de la misma forma como incorporamos cualquier práctica, llevando la atención en forma recurrente a la nueva interpretración que queremos generar en nosotros.
Sincrónicamente, encuentro el resultado de otro estudio, esta vez uno financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU, con base en el aprendizaje. Este estudio muestra como la meditación reduce en un 50% los infartos. No se trata de expresar la rabia, no se trata de reprimirla, se trata de colocarla a nuestro servicio.Y yendo más allá de la noticia, creo que si el estudio mirara otras variables, descubriría que los ataques al corazón no los genera la rabia contenida, sino que es el miedo a expresar la rabia lo que daña la salud.
Por Raúl Herrera L.
domingo, 15 de noviembre de 2009
La paradoja del éxito
Muchos lo desean y pocos lo logran. Pero quienes triunfan en su actividad, tarde o temprano enfrentarán la llamada paradoja del éxito: las mismas características que lo llevaron a la cima pueden convertirse en un escollo cuando llegue la hora de reinventarse.
Mientras más alto se llega, más fuerte se cae. Es un refrán que contiene sabiduría, sobre lo que puede sucederle a alguien que tiene éxito en lo que hace. Aunque también suena a amenaza velada, a envidia oculta o sencilla mala leche para quien le ha ido bien en la vida. El clásico chaqueteo.
Es que quienes saben del tema dicen que el éxito es paradojal, ya que mientras mejor le va a alguien, más posibilidades de fracaso enfrenta -por errores propios o torpedos ajenos- que van minando su camino hasta que, en un momento dado, se le hace imposible avanzar.
Por eso es necesario reinventarse, algo que la persona exitosa debiera planificar desde el momento en que alcanza la cima de su carrera. Esto es válido tanto para empresarios, científicos, deportistas, artistas y políticos. De lo contrario, la anunciada caída puede ser fatal.
EL CAMBIO ES LEY DE VIDA
Quien pregunte por la clave del éxito recibirá una avalancha de adjetivos, como inteligencia, pasión, ambición o disposición a tomar responsabilidades, escribe Dianne Jacobs, directora de la consultora "Consejería para talentos", en Australia. Pero quienes conocen en detalle la química de quienes llegan lejos en la vida, destacan en primer lugar el conocerse a sí mismo: las fortalezas, debilidades, valores y la forma en que trabaja y rinde mejor (ver recuadro).
Pese a esta constelación de virtudes, muchas veces estas personas pierden la lucidez de lo dinámica que es la realidad. Debido a que su forma de trabajar ha sido exitosa, sienten que viven en un círculo virtuoso, lo que aumenta su optimismo de que el futuro será más próspero aún. Y así, muchas veces, pierden la perspectiva.
El éxito, al igual que la vida, tiene un ciclo natural, que incluye que después del peak, comience el declinar. Para quebrar ese camino descendente, lo que se requiere es iniciar una segunda curva antes de que todo comience a empeorar o enfrente una crisis profesional. Jack Welch, ex CEO de General Electric, lo advierte: "Hay que cambiar antes de verse obligado a hacerlo". Afirmación que refleja muy bien la paradoja del éxito: cuando las cosas funcionan bien, parece que no hubiera razones para cambiar.
LOS ESCOLLOS DE LOS GANADORES
Si usted ha llegado a la cima en su profesión, en los negocios o en el deporte, y forma parte de lo que los estadounidenses llaman "A-list", enfrenta varios dilemas para replantearse su vida, precisamente por el éxito que ha experimentado. La búsqueda del poder normalmente cambia profundamente a las personas, y precisamente esas características claves que llevaron a un individuo a la cima pueden bloquearlo cuando llega la hora de cambiar.
El primer escollo es que el concepto mismo de cambio va en contra del sentido común y del instinto de quienes han triunfado. Ellos piensan que "si actúo de cierta manera y me va bien, entonces mi éxito se debe a que soy así". Y se mantienen haciendo más de lo mismo, sin considerar ni la más mínima transformación.
En segundo lugar, quienes forman parte de la "A-list" pueden ser tan buenos en su área que caigan víctimas del llamado Síndrome de los Grilletes de Oro: serán incapaces de cambiar por la posibilidad de perder todos los beneficios y estatus logrados.
Una tercera clave la resume con exactitud Bill Gates: "El éxito es un pésimo profesor, ya que seduce a la gente inteligente y la hace pensar que no puede equivocarse". Por ello, quienes triunfan deben preocuparse de sintonizar con lo que sucede a su alrededor, el llamado feedback o retroalimentación.
Esto, porque si bien son personas con altos niveles de competencia y habilidades interpersonales, muchas veces también son algo narcisistas, fluctúan entre posturas agresivas y defensivas o, por el contrario, buscan evitar los conflictos a toda costa. Lo anterior los lleva a rechazar cualquier información que no se ajusta al punto de vista propio.
Esto por tres razones: quien la emite es alguien que no es exitoso como uno; al no ser coincidente con lo que creemos lo calificamos de inexacto e, incluso, si estamos de acuerdo con la información, pensamos que es irrelevante.
CONSTRUIR CONFIANZAS
Otro talón de Aquiles de las personas que triunfan, sobre todo en ambientes muy competitivos, es que les cuesta confiar en los demás. Esto, porque durante su ascenso se han sentido muchas veces juzgados o manipulados por otros. Por esto, juegan un papel más antagónico que colaborativo, lo que puede ser el inicio de un aislamiento difícil de romper.
Pero además de saber reconocer cuándo es la hora de cambiar y no olvidarse de construir confianzas, la persona exitosa enfrenta otros riesgos, que aunque pueden ser menores, se pueden transformar en una piedra en el zapato. ¿Su dedicación completa al trabajo lo llevó a poner todos los huevos en una misma canasta y, si fracasa, quedará devastado? ¿Siente que es más difícil mantenerse en la cumbre que llegar a ella, porque tener un éxito sostenido es cada vez más díficil, toma más tiempo y le cuesta mantener el foco? Si sus respuestas son positivas, usted está viviendo la paradoja del éxito y su única vía, según los expertos, es comenzar a planear un cambio.
EL ADN DEL TRIUNFO
"¿Qué diferencia a un excelente profesional de los demás?", se pregunta Jacobs. Aunque no existe una respuesta universal, la experta consigna una serie de características. Son personas que se focalizan en lo que hacen con persistencia y dedicación, visualizan claramente lo que quieren lograr, comprenden los riesgos y saben manejarlos, son buenos resolvedores de problemas y profundamente optimistas: el rechazo a sus planes sólo es una oportunidad más para demostrar sus habilidades. Pero quizás la principal característica que todos ellos comparten es la autodeterminación de que tendrán éxito sea en lo que sea.